lunes, 14 de mayo de 2018

¡Ciudadanos!


¡Ciudadanos, completen con su queja más salvaje esta hoja blanca, más sin dejar a un lado el coraje no callen su costado asesino, naden en las profundidades del ineludible malestar argentino. ¡Aquí esta el libro y la lapicera! Que el renglón tiembla por la denuncia más no le teme al sacudón que se aproxima. ¿Quién empieza? Hoy toda sugerencia será leída con etílico desgano por gerencia.

¡Opinen sin barrera, ciudadanos de mochilas, ringtones, portafolios, milangas y penurias!
¡Díganlo con su linda violencia!  ¡Del transporte público hablen pestes e injurias!

¡Qué mal se viaja en los buses de nuestra superpoblada aldea! ¡Qué desastre único! No hay manera,
ni pidiéndole a Bergoglio desaparece de adentro ese calambre de furias y pelea.

Digan con ardor y sin cuidado, señores ciudadanos, por el bien de sus baleros, 
la verdad:
que a toda hora, hasta en el minuto más meridiano, en que se elige ser pasajero
de aquellas naves numeradas, una vez apoyada la tarjeta,
la falta de aire es tan demoledora que a uno deja con las ideas moradas,

yo no miento, algunas ventanas parecen selladas con pegamento
y ni el más pudiente en fuerza, músculo y vitamínico cargamento puede salvarnos de este encierro mayúsculo.

Si me caliento o viro maldiciente es porque para mí no hay asiento ni al fondo ni de frente y son más las veces que rezongo el trayecto parada hasta el fin de los tiempos y con cara de hongo no digo nada y sólo pruebo el arte del codazo siempre disimulada.

¡Admitan, ciudadanos, si tuviéramos un poderoso linaje, uno distinto, no seríamos merecedores de este tortuoso proletario viaje!

¿Gustan de un ejemplo estrambótico poco mundano? Al abandonar el set de televisión, a Susana la rubia conductora ex novia de Monzón no la espera un bus sino un avión.

Que se me entienda. Como la famosa octogenaria no pido ser pero tampoco es mi deseo víctima ser de la impericia y las frenadas de un joven y alocado chofer,
que con su lenguaje no verbal, profundiza mi crisis lumbar.

Sobre el acelerado niño de camisa celeste al volante yo me pregunto con tono de anciana alarmante: ¿conduce así porque es su primer día o porque quiere ver de cerca una multa de policía?

¡Vamos, ciudadanos, reaccionen! ¡Sospechen y condenen el mal funcionamiento de las cosas! ¡Qué esperan para desenfundar su costado más asesino y nadar en las profundidades del ineludible malestar argentino! ¡Aquí la lapicera! ¡Sobra tinta para lucirse bestiales en el pellizco escrito más audible de esta era!

Las hojas que con sus quejas completen sabrán lo sabido: que viajamos como arvejas nauseosas en latas que aún no fueron abiertas.

Hasta lo podría asegurar el funcionario yarará: en estos buses nuestros mal se viaja y se viajará. 

lunes, 7 de mayo de 2018

Tarea de mi taller de métrica

De los pájaros quiero 
su plumaje no el cielo. 

En la copa sombría 
ya se mece luz de uva. 

Padre troca flan por fruta
en mitad de semana. 

Dejé de ser caballo, 
relinchar ya no puedo. 


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Apetitos que rompen discursos. 
Precipicios voceros de ocasos. 
Anochece en familias perfectas. 
Tan resuelta mi mano en su crisis. 






martes, 1 de mayo de 2018

jorobados del mundo


No quiero que esa película de Notre Dame siga señalándonos
qué debemos pensar acerca de los jorobados,
no, no quiero, aunque ya es tarde,
ya todos vimos esa película
donde Luis Miguel, al final,
de ojos profundos, de carnosos y mexicanos labios,
cantaba en pantalla gigante,
y nos pedía que soñáramos con un mañana y un mundo nuevo,
que tuviéramos fé, que era muy posible
que ese mundo nuevo y ese mañana de seguro iban a llegar,
pero nosotros llorábamos, llorábamos, llorábamos sin parar,
con dulces pochoclos pegados en el sweater y en la cola.

Los jorobados del mundo, aprendí, no viven escondidos,
derrotados en campanarios de iglesias, gustan del sol,
de las ferias ambulantes de frutas y verduras, de las pistas
de baile atestadas de vueltitas y besos,
de los marcos de puertas, de los picaportes
con y sin huellas digitales,
de los cuadros torcidos,
de las dueñas de casa que los ponen rectos,
de las fuentes con agua, de los enormes parques con niños,
del aloe vera y las mandarinas.

Estoy más grande y me puse empática.

Los jorobados del mundo, aprendí, no viven aislados,
dan su música en esquinas,
como liberando una pócima de su interior,
sus cantos son gritos, sus cuerdas tensados lamentos,
es imposible afinar el instrumento
sin de fondo un público atento,
es imposible hacer las cosas bien
si todo suena a despedida,
no es lo mismo dar pan y sonrisa que dar sombra y desprecio,
no es lo mismo me quedo te escucho a debo irme me esperan,
la música ahí pero todos yéndose, todos silbando premura,
cambiando el color del paladar según si es congoja o mentira.

El espejo no nos quiere decir lo que finalmente nos dice.
Uno es monstruoso.
No sólo eso, uno es parte de un monstruoso suburbio,
y como si fuera poco,
nuestra integridad está verdaderamente jorobada,
estamos jorobados
físicamente,
espiritual y económicamente.

En un callejón se reza sin vocablos,
En un callejón se orina junto a extraños,
En un callejón se elogia la salida (si es que existe).

Voy en dirección contraria a mis prejuicios,
Voy directo a una fantasía:
Quiero tocar tu joroba, acariciarte Quasimodo,
sí, perdón pedirte por años de insensato miedo
y ridículas imaginaciones.
Fue Disney quien me hizo temerte,
pero creéme, en ese cine
con mi oído lleno de Luis Miguel
te lloré porque en el fondo te entendí.
Me pareció muy cruel la película y hasta me pareció falsa Esmeralda.
Decirte que te olvides por un rato de la catedral de Notre Dame y de París,
Que me acompañes a abrazar algún árbol acá en Argentina
Por ejemplo uno del bosque energético de Miramar,
Quisiera que la industria del cine se redima con vos,
que produzcan una nueva y amorosa remake
donde te dejen de jorobar y de joder por tu cuerpo alternativo.
No tenés nada malo. Un poco de montaña atrás.
¿Qué te parece lo de la remake? Ah. ¿Qué ya no querés? ¿Qué el daño ya está hecho?
Ah bueno. Okey. Te entiendo.
Creo que una mochila te hirvió en la espalda
la indeleble geografía de monte, ¿no?
¿Es eso lo que te pasó?
Si vamos a recorrer juntos el mundo o tomarnos un avión de más de 14 horas
quiero que tengamos plena confianza, Quasimodo.
Contámelo todo y dame la mano.
En tu continente o el mío, dame la mano,
En el despegue o el aterrizaje, dame la mano y contámelo todo.
Ahora que conozco y me adapto a tu joroba,
¡Vos mirá esta nariz de gancho, esta parda dentadura y este tremendo lunar con pelos!
¡Toda mía esta imperfección! ¿No es hermosa?
¡Correspondencia y deformidad! ¡Unión y loca incineración!
¡Horrorizáte y besáme! ¡Que quizás después del beso
haya un mundo nuevo y un mañana!

Suena en el campanario
el gran defecto y su melodía,
preciosas fallas de fábrica
fruto de la madre asimetría,
ni el más bello está exento:
jorobados somos y estamos todos, todos por igual.